¿Qué hacer en caso de insolación?

Muchas veces por descuido o en la búsqueda del “bronceado perfecto” llegamos a situaciones extremas donde nuestra piel es la que sufre las consecuencias. Hay que tener presente que toda exposición a los rayos UV aumenta el riesgo de quemaduras, envejecimiento de la piel y cáncer. A mayor exposición, mayor es el riesgo.

La insolación corresponde a un proceso inflamatorio de la piel a modo de defensa de ésta ante la exposición excesiva y dañina de los rayos ultravioletas (UV), lo cual puede ser producto tanto de luz natural en el caso del sol, o también artificial como son las camillas bronceantes.

Esta defensa puede ir desde un cambio en la coloración de la piel conocido como “bronceado”, hasta daños más severos dependiendo del grado de quemadura; lo cual habitualmente se acompaña de un compromiso sistémico de malestar general con dolor, fiebre y deshidratación, entre otros síntomas, denominado “insolación”.

No obstante, el mayor riesgo sin duda corresponde a un daño a largo plazo irreversible aumentando el riesgo de desarrollar cáncer de piel.

Factores que aumentan el riesgo de insolación

Existen muchos factores que pueden influir en el riesgo de sufrir una insolación. Algunos de ellos no pueden ser modificados como por ejemplo la genética, donde el tipo de piel influye directamente, ya que la piel más clara tiene menor defensa ante los rayos UV,  por lo cual tiene mayor capacidad de bronceado y quemado. Otro factor es también el lugar donde uno vive (ambiente), ya que la altura y superficies reflejantes (nieve, arena por ejemplo) pueden influir aumentando la intensidad de los rayos UV.

Por otra parte, existen factores que si pueden ser modificados por nosotros, entre los cuales destaca el tiempo de exposición solar, hora del día a la cual se expone, la protección solar utilizada o el uso de sustancias fotosensibilizantes como por ejemplo medicamentos o alimentos que aumentan la capacidad de daño de la piel producto de los rayos UV. 

¿Cuáles son los principales síntomas?

El primer signo que se observa en relación a la exposición solar corresponde al “bronceado”. Este cambio superficial en la coloración de la piel es un intento por proteger sus tejidos más profundos de los rayos UV.

Cuando la exposición ya es más severa, se produce la “quemadura solar” en la cual la piel ya no solo se intenta defender sino que hay una reacción inflamatoria porque se ha producido un daño en ésta. La piel se deshidrata y se observa el eritema o enrojecimiento de la piel, inflamación localizada o edema, aumento de temperatura local o piel caliente y lo más notorio es el dolor. Incluso pueden aparecer síntomas más sistémicos como son la fiebre y el decaimiento. La quemadura solar puede incluso llegar a ser de tal magnitud que se observen lesiones como ampollas, las cuales pueden romperse con riesgo de infección.

La quemadura solar con el pasar de los días puede ceder desde el punto de vista sintomático, pero el daño producido en la piel y riesgo de complicaciones a futuro va a permanecer.

Finalmente la piel dañada y muerta se desprenderá como “descamación”, dando paso a piel nueva.

¿Qué hacer si tengo insolación? 

Lo primero es saber que no existen tratamientos curativos para las quemaduras solares, todos los tratamientos son paliativos ya que el daño en la piel ya está hecho. Lo principal es tener paciencia y evitar las complicaciones. Para eso lo principal es:

  • Evitar la exposición solar
  • Hidratación abundante, ya sea tanto con loción hidratante neutra y aumentar el consumo de agua (evitar la deshidratación)
  • Aplicar compresas o paños húmedos para refrescar
  • No dañar más la piel, evitando roces con toallas secas, esponjas o jabones.
  • No aplicar sustancias distintas a la crema hidratante. Evitar usar talco, colonias, vaselina, pomadas, etc.
  • Antipirético en caso de fiebre (temperatura mayor a 38°C)
  • Antiinflamatorio en caso de dolor

Se deberá considerar acudir a consulta médica en caso de que estas medidas no sean suficientes para tratar los síntomas asociados a las quemaduras. Incluso considerar acudir a un centro de asistencia médica de Urgencia en algunos casos más graves como por ejemplo:

  • Ampollas de gran tamaño o rotas
  • Quemaduras extensas y severas en zonas como la cara, mucosas o genitales
  • Mareos intensos, dolor de cabeza y vómitos abundantes
  • Fiebre que no disminuye con el antipirético
  • Compromiso del estado de conciencia
  • Tener especial cuidado con niños, adultos mayores y enfermos crónicos.

Consejos para evitar la insolación

El principal consejo para evitar la insolación es evitar la exposición solar excesiva y dañina. En verano principalmente esta exposición tiende a ser mayor, tanto por la intensidad solar como por la mayor exposición de piel y es por eso que el principal factor a considerar es la protección.

  • Observar el índice UV
  • Disminuir la exposición solar principalmente en horarios cercanos al medio día (10 am a 4 pm), donde el daño por radiación solar es mayor.
  • Cubrir la mayor extensión de piel, ya sea al estar cubierto en la sombra o con ropa como por ejemplo sombreros de ala ancha (cubriendo cuero cabelludo, cuello, ojos, orejas y cara), polera, pantalones, zapatos cerrados, lentes de sol, etc. Cabe destacar que hoy en día existe ropa con protección UV.
  • Utilizar siempre filtro solar con factor de protección (FPS) de 30 -50+. Estos se deben aplicar en toda la piel expuesta (incluyendo cuello, manos, pies y labios) 30 minutos antes de la exposición solar y volver a aplicar cada 2 horas aproximadamente o antes si es que hay exposición al agua o sudoración.
  • Hidratarse con abundante agua en especial durante la exposición solar.