La importancia de dormir bien

Para llevar una vida saludable, no solo se debe mantener una dieta balanceada y realizar actividad física, sino que un aspecto fundamental es descansar bien. Si esto no se logra, puede provocar efectos negativos para la salud.

En el contexto de la pandemia, muchas personas se han visto afectadas por el estrés debido al cambio de rutinas, además de sentir  angustia y ansiedad. Lo anterior puede dificultar el quedarse dormidos y afectar las fases normales del sueño. A esto se suman los trastornos del sueño (insomnio, sonambulismo, apnea del sueño, entre otros) que tampoco contribuyen a tener un descanso de calidad.

El sueño saludable es aquel que restaura y energiza, por lo que al otro día la persona se siente completamente despierta. Cabe destacar que para que el sueño sea reparador se deben conjugar tres elementos esenciales: Duración, continuidad (sin interrupciones) y profundidad.

Tan solo una noche de mal dormir provoca un impacto negativo en la capacidad de atención, habilidades de aprendizaje y la memoria, además de fatiga, somnolencia y molestias en el cuerpo. Más a largo plazo, se asocia a disminución de la función inmunitaria, aumento de peso, obesidad, desarrollo de enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos, diabetes e incluso depresión.

¿Cuánto dormir?

Según la Fundación Nacional del Sueño (National Sleep Foundation) el tiempo  recomendable para dormir depende de la edad:

·         Recién nacidos (0-3 meses), 14-17 horas

·         Lactantes (4-11 meses), 12-15 horas

·         Niños pequeños (1-2 años), 11-14 horas

·         Niños en edad preescolar (3-5 años), 10-13 horas

·         Niños en edad escolar (6-13 años), 9-11 horas

·         Adolescentes, 8-10 horas

·         Adultos (18-64 años), 7-9 horas

·         Adultos mayores (> 65 años), 7-8 horas

Sin embargo, existen los denominados “dormidores cortos” que con 5 horas de sueño, pueden rendir bien al día siguiente.

Cómo lograr un sueño de calidad

Dentro de los consejos para dormir bien se encuentran: Establecer horarios fijos, crear un ambiente relajado al acostarse con silencio y oscuridad, limitar las siestas durante el día, evitar ingerir alimentos pesados antes de ir a la cama, lo mismo para el alcohol, el café y el tabaco. Se sugiere, además, practicar actividades que relajen como meditar, escuchar música o tomar un baño y, por supuesto, realizar actividad física en la rutina diaria. No obstante, si el mal dormir se repite y afecta tu rutina al día siguiente, se considera un problema. Si tienes cansancio y somnolencia diurna, podría tratarse de una patología, por lo que debes consultar con un profesional.