Tuberculosis, una enfermedad que aún no se ha podido erradicar


Muchos creen que la tuberculosis es una enfermedad erradicada en Chile y gran parte del mundo. Sin embargo, la lamentable noticia es que no, la llamada “peste blanca” aún se encuentra presente y los contagiados -en su mayoría- son jóvenes.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que esta enfermedad tiene una incidencia cercana a los 3.000 casos nuevos en Chile o 16 por 100.000 habitantes, considerando una población de 18 millones.

Otro dato curioso entregado por la OMS, es que cerca de un tercio de las personas son portadoras de los gérmenes, pero sólo entre cinco y 10 de cada 100 infectados enferma a lo largo de su vida.

La Tuberculosis es una enfermedad infecto-contagiosa producida por el Mycobacterium tuberculosis o Bacilo de Koch, responsable de variados cuadros clínicos que afectan tanto al pulmón (tuberculosis pulmonar) como a otros órganos extrapulmonares (tuberculosis extrapulmonar).

Es una de las enfermedades infecciosas que causan mayor morbilidad y mortalidad en el mundo. Pero sin duda, lo más preocupante, es que a pesar de contar con una terapia eficaz para curarla, está lejos de ser erradicada.

Cabe destacar que la aparición y propagación del VIH ha agravado el problema representado por la tuberculosis, ya que puede llevar a los contagiados a la muerte.

Pero las personas con VIH no son los únicos grupos de riesgo, también lo son:

• Población en condiciones socioeconómicas deficientes: la pobreza, asociada al hacinamiento en lugares desprovistos de luz y aireación, facilita la transmisión de la enfermedad.
• Edad: Pacientes menores de un año y mayores de 65; la mayor incidencia de tuberculosis está entre los mayores de 65 años.
• Pacientes desnutridos.
• Pacientes que no recibieron la inmunización con BCG.
• Pacientes con hábitos de tabaquismo, alcoholismo y otras adicciones.
• Pacientes con infección VIH y SIDA.
• Paciente con depresión del sistema inmunológico.
• Pacientes con Diabetes Mellitus
• Pacientes con Cáncer

En el 80 por ciento de los casos, la tuberculosis se localiza en el pulmón y cursa en forma crónica, lenta y progresivamente.

Los síntomas clásicos son: Tos, expectoración, pérdida del apetito, baja de peso, sudoración nocturna y hemoptisis (sangramiento proveniente de los pulmones); si hay compromiso de la pleura puede agregarse dolor torácico y derrame pleural.

Las formas extrapulmonares de la tuberculosis pueden ser de cualquier localización, siendo las más frecuentes la ubicación pleural, ganglionar, meníngea, peritoneal, génitourinaria y cutánea. En este caso los síntomas y signos dependen del órgano comprometido.

El diagnóstico de tuberculosis es bacteriológico, mediante el aislamiento del bacilo de Koch, a través de dos técnicas principales:
• La baciloscopía (tinción de Ziehl-Nielsen): Es la técnica de rutina y herramienta fundamental para el diagnóstico de tuberculosis, ya que permite identificar el bacilo en diferentes muestra, tales como expectoración, orina, líquido céfalo-raquídeo, líquido peritoneal y biopsias.

• El cultivo de Koch es el método más sensible y específico y se considera el método diagnóstico de referencia. Su principal inconveniente es su lentitud, ya que habitualmente requiere 30-60 días de espera.

• El examen histopatológico obtenido por biopsias está especialmente indicado en las localizaciones extrapulmonares.

Otros métodos de diagnósticos son la radiografía de tórax y la prueba de tuberculina (PPD), los cuales se utilizan son herramientas de apoyo al diagnóstico de tuberculosis.

Una vez confirmado que el paciente padece de tuberculosis, se indica tratamiento. Pero para que éste tenga éxito se deben cumplir varios requisitos:

• Ser asociado (varios fármacos, para evitar la resistencia microbiana).
• Prolongado, para asegurar la erradicación del bacilo.
• Controlado, para asegurarse de que el paciente lo reciba en forma completa.
• Normado, efectuado de acuerdo a las pautas establecidas.

Las drogas de primera línea son: Isoniacida, Rifampicina y Pirazinamida, a las cuales se agrega como cuarto medicamento el Etambutol o Estreptomicina.

En la etapa inicial del tratamiento, la cual dura dos meses, se utiliza el esquema actual de cuatro drogas. La etapa siguiente durará cuatro meses, periodo en el que se logra la mejora del 95 por ciento de los casos.

La administración de los medicamentos, preferentemente ambulatoria, debe ser controlada por el personal de salud responsable.