¿Tienes asma y no lo sabes?

Se estima que un gran porcentaje de personas en el mundo padecen asma y no están diagnosticadas, pues asocian los malestares a otros factores como alergias estacionales o resfríos comunes.
Sólo en España, las autoridades de Salud estimaron que un 50 por ciento de los que sufren asma no están diagnosticados.
La situación se vuelve alarmante, pues la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que a anualmente mueren más de 380 mil personas por una crisis asmática.
A nivel local, la Comisión de Asma Pediátrico de la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias (SER), señaló que un 10 por ciento de los escolares chilenos tiene asma, situación que mantiene en alerta a las autoridades, sobre todo por el reciente aumento de éstas crisis en niños.
Por esto, es importante entender de qué se trata esta enfermedad, cuáles son sus síntomas y cómo y tratarla, de esta forma estará evitando mayores complicaciones o un trágico desenlace.
Al asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vía aéreas, caracterizada por hiperreactividad bronquial, inflamación y obstrucción reversible del flujo aéreo. Esta patología evoluciona por crisis (crisis asmática) y requiere tratamiento permanente.
Su prevalencia en Chile, según cifras oficiales, es alrededor de 5-10 por ciento y está aumentando en todo el mundo.

Las causas que producen esta enfermedad no están completamente dilucidadas, pero investigaciones señalan que resulta de la combinación de una predisposición genética con la exposición ambiental a sustancias y partículas inhaladas que pueden provocar reacciones alérgicas o irritan las vías respiratorias.

Se han identificado numerosos genes involucrados en la patogenia del asma, los cuales interactúan con factores ambientales para desarrollar la enfermedad.

Las personas asmáticas sufren de mayores crisis durante el invierno debido a que el frío y la humedad incrementan los problemas vinculados a esta patología.
Los síntomas de la crisis asmática son:

• Tos
• Disnea (sensación de ahogo)
• Pecho apretado
• Sibilancias (especie de pitido que se produce al expirar aire)

Estos síntomas son variables, intermitentes, empeoran en la noche y se asocian con factores gatillantes específicos como pólenes, caspas de animales, entre otros; y factores desencadenantes inespecíficos, como la exposición al frío, a olores intensos, ejercicios, entre otros.

Los períodos de intercrisis en el paciente son asintomáticos, de ahí que sea difícil detectarlo sin que antes se haya sufrido una crisis.

¿Por qué es complejo el diagnóstico? Por varias razones: Uno, no hay un solo tipo de asma; dos, se manifiesta de muchas formas; tres, hay otros cuadros respiratorios con los cuales se puede confundir; y cuatro, no hay un examen de laboratorio específico para su diagnóstico.
A lo largo de los años se han intentado desarrollar clasificaciones del asma basadas en distintos criterios como etiológico (asma extrínseca, asma intrínseca, asma inducida por el ejercicio, asma ocupacional); según la edad (asma del lactante, asma de la edad escolar, asma de la adolescencia, asma del adulto); según el factor gatillante; según la respuesta terapéutica; entre otras clasificaciones. No obstante, ninguna de ellas cuenta con la aceptación general.

Por esto, la clasificación más práctica es la clasificación basada en la gravedad del asma, ya que el tratamiento del asma se efectúa de acuerdo a su gravedad:

1. Intermitente: Síntomas diurnos = ≤ 1 a la semana y síntomas nocturnos =≤ 2 veces al mes.
2. Persistente leve: Síntomas diurnos = más de 1 día a la semana, pero no diarios y síntomas nocturnos = más de 2 veces al mes
3. Persistente moderada: Síntomas diurnos = diarios y síntomas nocturnos = más de 1 vez a la semana.
4. Persistente grave: Síntomas diurnos continuos con crisis frecuentes y síntomas nocturnos frecuentes.

Los principales factores desencadenantes de las crisis asmáticas son:

• Alérgenos presentes dentro de las viviendas, como ácaros del polvo doméstico que se encuentran en las ropas de cama, alfombras y muebles; la contaminación del aire intradomiciliaria y la caspa de las mascotas.
• Alérgenos que se encuentran fuera de la casa, como los pólenes o los mohos.
• El humo del tabaco.
• Los irritantes químicos en el lugar de trabajo.
• La contaminación atmosférica.

Sin embargo, también hay alimentos confirmados como factores desencadenantes del asma. Por ejemplo, los sulfitos presentes en las frutas desecadas, las papas preparadas, el vino, el jugo de limón o lima en botella y los camarones.

También los alérgenos alimentarios diagnosticados como la leche, los huevos, los maníes, los frutos secos, la soja, el trigo, el pescado y los mariscos.

El tratamiento del asma implica cuatro acciones:

1° Control de los agentes desencadenantes.
2° Uso de broncodilatadores.
3° Uso de medicamentos antiinflamatorios de las vías aéreas.
4° Educación de los pacientes.

El tratamiento del asma se efectúa de acuerdo a su severidad. Para controlarlo, usualmente se emplean dos grandes grupos de medicamentos: Los controladores y los sintomáticos.

La vía de elección para los medicamentos utilizados en el asma es la vía inhalatoria.

• Controladores: Tienen por objeto obtener el control del asma a través de su efecto antiinflamatorio. No están dirigidos a aliviar los síntomas cuando se presentan, sino que a controlar la inflamación bronquial, por ello son medicamentos de efecto preventivo, para lo cual deben administrarse diariamente y por tiempo prolongado. Los de mayor elección son los corticoides inhalados (beclometasona).

• Sintomáticos: Tienen por objetivo mejorar los síntomas una vez producidos, por cual se utilizan a demanda. Aquí encontramos los broncodilatadores de acción corta como salbutamol o fenoterol.

Aparte del tratamiento farmacológico, la educación de los pacientes y el control de la contaminación del entorno continúa siendo un pilar fundamental en el control de la enfermedad.

¿Qué hacer si alguien sufre una crisis asmática?

En caso de una crisis asmática la reacción debe ser rápida. Para esto, usted debe seguir las siguientes recomendaciones:

• Calmar al paciente
• Si está en tratamiento con broncodilatadores inhalatorios, administrar de inmediato.
• Aflojar la ropa del paciente para evitar la sensación de ahogamiento.
• Existen ciertas técnicas de respiración que pueden servir de ayuda, las cuales consisten en:

– Sentar al paciente inclinado hacia adelante, colocar los antebrazos en los muslos o una mesa y relajar los hombros y la cabeza.
– Indicarle que respire lentamente por la nariz, manteniendo la boca cerrada e inflando ligeramente las mejillas.
– Sino percibe mejoría o empeora, repetir la dosis de broncodilatador.
– Si la crisis no cede o empeora, acudir al servicio de urgencia más cercano.