Las 5 enfermedades respiratorias más comunes en invierno


Durante los primeros días de invierno, las consultas por enfermedades respiratorias superaron las 100 mil por semana y las hospitalizaciones aumentaron en un 40 por ciento con respecto al año pasado.

Y es que es sabido que en invierno las enfermedades respiratorias aumentan. ¿Cuáles son las más comunes? Se lo contamos a continuación.

Resfriado común

Es una enfermedad generalmente leve y de corta duración, que produce síntomas en la vía aérea superior. Como su nombre lo indica, se trata de una patología frecuente debido a que es producida por más de 200 tipos de virus, siendo el más frecuente el rinovirus.

Sin embargo, en la mayoría de los casos no se identifica el virus responsable, lo que explica la carencia de vacunas que permitan su prevención.

Sus síntomas se caracterizan por una rinorrea (secreción nasal o coriza), malestar general, prurito ocular (picor de ojos) y otalgia discretas (o lo que se conoce como dolor de oídos). Puede coexistir, o complicarse, con faringitis aguda, sinusitis aguda, laringitis, traqueítis, otitis media, bronquitis.

Es importante que sepa que en el resfrío común no deben utilizarse antibióticos debido a que la etiología es viral y además porque no logran acortar la evolución ni prevenir las complicaciones bacterianas.

Por lo tanto, si los síntomas son molestos, se pueden tomar medicamentos como analgésicos (Paracetamol, por ejemplo), antitusígenos o expectorantes, según el caso, aunque tampoco está demostrado que modifiquen la evolución ni las complicaciones del cuadro basal.

Influenza

Es una enfermedad respiratoria aguda producida por el virus de la influenza. Normalmente el contagio entre una persona enferma y una sana se produce a través de las gotitas de saliva que se generan al toser o estornudar.

Por esto, el principal mecanismo de contagio es a través de las manos que tocan superficies contaminadas con secreciones y posteriormente son llevadas a la cara, lo que permite que el virus ingrese a las vías respiratorias.

El período de incubación es de uno a cuatro días. La duración de la enfermedad es “autolimitada”, es decir, mejora sola al cabo de unos días. Sin embargo, a veces puede producir cuadros más graves, como neumonía y otras complicaciones.

A diferencia del resfrío común, sus síntomas son de mayor intensidad y gravedad. Sin embargo, lo más llamativo de la influenza es que se manifiesta en forma súbita, sin avisos previos, provocando una repentina fiebre alta que supera los 38°C, la que dura en promedio dos o tres días pudiendo llegar hasta una semana.

Junto a la fiebre la enfermedad se acompaña de cansancio o debilidad importante que puede durar varios días. Frecuentemente también presenta romadizo o coriza, dolor de cabeza en la zona frontal o generalizada, dolor al tragar (odinofagia), tos, dolor muscular y en las articulaciones, y la molestia a la luz (fotofobia).

En ocasiones, pueden agregarse síntomas digestivos como náuseas, vómitos y diarrea, aunque son más frecuentes en niños.

En cuanto al tratamiento, la mayoría de las personas se recuperan espontáneamente sólo con medidas generales como el consumo abundante de líquidos, el uso de medicamentos para bajar la fiebre (antipiréticos) y el reposo en cama. Este último es importante para evitar diseminar la enfermedad.

Faringitis

La faringitis es una infección de la garganta, que puede ser de origen viral o bacteriano. Se manifiesta clínicamente con dolor en la región faríngea (dolor de garganta u odinofagia) que se acentúa con la deglución. A veces también hay tos irritativa.

Sólo un 10 por ciento de las faringitis son de origen bacteriano. Se diferencian clínicamente de las de origen viral debido a que presentan fiebre, exudado amigdaliano, ausencia de tos y, a veces, ganglios palpables y sensibles en el cuello.

Las faringitis de origen bacteriano se tratan con antibióticos, siendo el medicamento de elección la Penicilina Benzatina de 1.200.000 Unidades por una sola vez o, en caso de alergia a la penicilina, Eritromicina: 500 mg/cada 6 horas por 10 días.

En el caso de las faringitis de origen viral se tratan con medidas generales y sintomáticas (analgésicos o antiinflamatorios, antitusivos o expectorantes), según el caso.

Bronquitis aguda

Es la inflamación de los bronquios, órganos que son los principales conductos que llevan aire hacia los pulmones.

La bronquitis aguda es causada principalmente por los mismos virus que causan los resfríos, la gripe y la influenza. Generalmente la infección viral empieza por la nariz, la garganta, los senos paranasales y luego se propaga hacia los bronquios.

Después de haber cedido la infección, puede mantenerse una tos seca y molesta por semanas, incluso meses.

Existen factores de riesgo que aumentan el riesgo de sufrir bronquitis aguda como el humo del tabaco, polvo, gases y la contaminación atmosférica e intradomiciliaria.

Los principales síntomas de la bronquitis aguda son:

• Tos persistente, es el síntoma principal de la bronquitis. Puede ir acompañada de mucosidad incolora, pero si aparece mucosidad amarillenta o verdosa, es posible que tenga además infección bacteriana sobreagregada.
• Malestar o dolor en el pecho.
• Dolor de garganta.
• Fiebre, generalmente baja.
• Cansancio.
• Dificultad para respirar.
• Sibilancias.

La infección generalmente desaparece por sí sola al cabo de siete o 10 días, periodo en el que se pueden tomar las siguientes medidas durante la evolución del cuadro: Tomar mucho líquido, no fumar, descansar y tomar analgésicos de uso común como aspirina o paracetamol si tiene fiebre.

Para el tratamiento de la bronquitis generalmente no se prescriben antibióticos, porque estos son inútiles contra los virus, que son la causa más frecuente de bronquitis. Sólo en caso que su médico sospeche sobreinfección bacteriana, le indicará antibióticos.

Por otra parte, si tiene sibilancias el médico le puede indicar un inhalador broncodilatador.

Neumonía

Es la inflamación aguda del pulmón, tiene un origen infeccioso y puede ser causada por bacterias, virus y hongos.

La neumonía constituye la tercera causa de mortalidad en nuestro país y es particularmente grave en pacientes mayores de 60 años.

El principal germen involucrado es el streptococcus pneumoniae, con un 20 a 30 por ciento de los casos; seguidos por gérmenes atípicos como la Chlamydia pneumoniae, Micoplasma pneumoniae y virus.

La neumonía puede propagarse por diversos mecanismos:

• Por inhalación de bacterias y virus presentes comúnmente en la nariz o garganta, infectando los pulmones.
• Propagación por vía aérea, a través de gotitas producidas en tosidos o estornudos.
• Propagación por medio de la sangre, sobretodo en el parto y en el período inmediatamente posterior.

Los síntomas y signos sospechosos de neumonía son la tos y la expectoración (que puede ser de color ladrillo o purulenta), fiebre, dolor torácico y aumento de la frecuencia respiratoria.

Los pacientes de edad avanzada con neumonía pueden no tener tos ni fiebre, sin embargo, frecuentemente presentan confusión, pérdida del equilibrio, o agravamiento de enfermedades crónicas.

En consecuencia, se debe sospechar neumonía en todo paciente mayor de 60 años que presenta compromiso de conciencia o descompensación de su patología de base, independientemente de la presencia de fiebre o sintomatología respiratoria.

El diagnóstico se confirma con una radiografía de tórax que demuestra el infiltrado característico del parénquima pulmonar.

El tratamiento, en domicilio, consiste en:

• Reposo domiciliario durante el período de tratamiento con antibiótico.
• Hidratación oral adecuada.
• Evitar alcohol, cigarrillo e irritantes gástricos.
• Antibióticos. La dosis y la duración del tratamiento debe ser indicado por médico tratante o especialista.
• En caso de intolerancia digestiva a los antibióticos se agregar omeprazol, un comprimido de 20 mg /día.
• Control a las 72 horas, ya que la mayoría de los pacientes mejoran clínicamente al cabo de 48-72 horas; si no hay mejoría se debe hospitalizar.

Cabe mencionar que los pacientes que evolucionan satisfactoriamente igualmente deben controlarse al término del tratamiento antibiótico y efectuarse una nueva radiografía de tórax, aproximadamente a los 21 días de haber iniciado el tratamiento.