La importancia de una buena alimentación


Cuando tenemos una buena nutrición, nuestra calidad de vida mejora considerablemente,
pues una alimentación equilibrada combinada con ejercicios es fundamental para la
buena salud.
Por el contrario, una mala nutrición puede debilitar el sistema inmunológico, aumentar la
vulnerabilidad a las enfermedades, alterar el desarrollo físico y mental y reducir la
productividad. De hecho, una alimentación no adecuada puede hasta reducir el tiempo y
calidad de vida.
¿Qué significa tener una dieta equilibrada? Significa elegir una alimentación que aporte
todos los nutrientes esenciales y la energía que cada persona necesita para mantenerse
sana. Estos nutrientes son: Proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas, minerales y
agua.
La mala alimentación genera desnutrición, obesidad y diversos tipos de enfermedades, la
gran mayoría relacionadas al sobrepeso.
Enfermedades ligadas a la obesidad
• Artrosis. El envejecimiento y la sobrecarga hacen que el cartílago se desgaste, de modo
que la articulación pierda su sistema de amortiguación natural. Esto genera que los huesos
sufran pequeñas deformidades que se traducen en dolor y movimientos limitados. Afecta
principalmente a las articulaciones que soportan peso o que tienen exceso de
movimiento, como caderas, rodillas o pies.
• Osteoporosis. Es una enfermedad del esqueleto que se caracteriza por una disminución
de densidad mineral ósea, los huesos se vuelven más porosos, delgados y frágiles, en
consecuencia, susceptibles a fracturarse ante el más mínimo esfuerzo o sin él. Este
trastorno es muy frecuente en la edad avanzada y suele afectar mayoritariamente a
mujeres menopáusicas por falta de estrógenos, hormonas que el organismo deja de
producir cuando se presenta la última menstruación.
• Los hombres de la tercera edad suelen incrementar afecciones en el corazón a partir de
la acumulación de grasas, de ahí que podamos hablar de problemas como colesterol
elevado.
El colesterol se requiere para desarrollar muchas funciones, como producir hormonas,
ayudar en la formación de bilis y vitamina D, y mantener la estructura celular del

organismo. Sin embargo, cuando se elevan las concentraciones del compuesto en la
sangre se originan problemas de salud, siendo el principal:
 Aterosclerosis. El colesterol suele acumularse en las paredes de las arterias, el cual
se suma a residuos de células musculares y sanguíneas y calcio. Esto provoca una
placa que se llama ateroma que, de alcanzar un tamaño que dificulte el paso de la
sangre, produce este padecimiento.
Se presenta usualmente en las arterias coronarias (las que llevan sangre al músculo
del corazón), en la aorta (la más grande del cuerpo), y en las del cerebro y
extremidades, sobre todo muslos y piernas.
Cuando la placa ateromatosa tapa parcial o completamente las arterias, provoca
una disminución o una ausencia total del flujo de la sangre, lo cual ocasiona que
los órganos no reciban suficiente oxígeno para poder trabajar o no lo tengan en
absoluto (oclusión completa), produciéndose la muerte de las células. Esto último
es lo que se llama infarto y puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo en donde
la sangre deje de circular. Es así que se producen infartos en corazón, cerebro,
ojos, intestinos y piernas.
• Gota. Como parte del proceso de renovación diaria de las células que lo conforman,
nuestro organismo desecha diariamente un compuesto llamado ácido úrico, que de
manera natural se elimina por la orina, pero cuando esto no sucede se acumula en la
sangre y se deposita poco a poco en las articulaciones, en forma de cristales, provocando
inflamación y dolor muy intenso.
Entre las causas por las que el ácido úrico no es eliminado correctamente se pueden
mencionar obesidad y diabetes, enfermedades que provocan mal funcionamiento de los
riñones, lo que genera la acumulación y determina la aparición de cálculos (piedras
formadas por sales y minerales no desechados).
• Hipertensión. La presión alta afecta a un tercio de las personas que superan los 60 años;
este mal radica en que las vías sanguíneas más pequeñas se angostan, o bien, las arterias
pierden su elasticidad, lo que obliga al corazón a bombear con más fuerza para abastecer
de sangre a todos los órganos. Una de las principales causas es la acumulación de grasa en
los vasos sanguíneos, situaciones constantes de estrés y angustia, padecimientos del riñón
y diabetes, hábitos de vida sedentarios (con muy poco ejercicio físico), consumo excesivo
de sal, tabaco y alcohol.
• Diabetes mellitus. Se produce cuando el páncreas deja de fabricar insulina o no genera
la suficiente lo que provoca diversos problemas en el organismo, como daño a diferentes
órganos: a los ojos, con disminución progresiva de visión que puede desembocar en
ceguera; a los riñones, con pérdida creciente de la función renal que puede terminar en
diálisis; al sistema nervioso periférico con alteración de la sensibilidades de los miembros
inferiores, lo que supone un grave riesgo de úlceras y amputaciones; al sistema nervioso

autonómico con alteraciones digestivas, urinarias y de la esfera sexual (impotencia) y a las
arterias de las extremidades inferiores con riesgo de amputaciones.
• Cáncer. De manera muy sencilla, este padecimiento puede explicarse como falla en el
mecanismo que regula el desarrollo de las células que se encuentran a lo largo de nuestro
cuerpo, hecho que de presentarse provoca que algunas de éstas crezcan sin control
alterando su estructura genética, siendo de esta forma las más propensas a desarrollar
cáncer. Uno de los factores que pueden acelerar el proceso es la acumulación de grasa en
el cuerpo, así como compuestos contaminantes, virus y radiación ultravioleta de los rayos
solares.
Recomendaciones para el adulto mayor
Alimentarse sanamente: Consumir verduras y frutas diariamente, tomar leche o yogur,
según la tolerancia de cada uno, ingerir alimentos con poca grasa, preferir el pescado,
pavo, pollo o carnes rojas sin grasa, comer legumbres y granos enteros.
Tener un sueño reparador: Un  buen  dormir impacta positivamente en la salud, ya que
permite descansar, consolidar aprendizajes y  mantener una buena salud mental.
Ejercicio diario: La actividad física reporta varios beneficios. En el área mental, se observa
una reducción de la sintomatología ansiosa, ya que la actividad física regular eleva los
niveles de endorfinas, noradrenalina y serotonina, lo que genera estabilidad de ánimo y
favorece un sueño reparador.  
También mejora el rendimiento cognitivo en personas con demencia y trastornos
cognitivos, incluso, en adultos mayores con baja autoestima, la actividad física aumentó el
autoestima y llevó a una mejora en la percepción de bienestar.  
Por otra parte, mantener actividad física aparece como una herramienta útil en la
prevención de caídas en el adulto mayor. Y a nivel cardiovascular es ampliamente
reconocido que tres a cinco sesiones semanales de ejercicio son capaces de mantener una
buena función cardiovascular. 
La actividad física contribuye a la prevención y manejo de una serie de patologías, entre
las que se destacan las enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo II, obesidad,
hipertensión arterial y depresión entre otras.
Autonomía y optimismo de vida: Es deber de la persona mayor practicar su autonomía,
ésta será un indicador de calidad de vida y un aporte a la sociedad.
Actividad social: Reúnase con sus amigos, salga a bailar, a conversar, asista a reuniones
sociales. Es ideal gozar de una buena vida social, disfrutar de los lazos afectivos fuertes, de
la pareja, hijos, familia, amigos y otros grupos sociales.

No automedicarse: El consumir medicamentos de forma indiscriminada o sin una
autorización médica puede generar potenciales daños a órganos y deteriorar nuestra
salud. Recuerde siempre que la automedicación es el peor remedio.
Mantenga un control médico regular: Las enfermedades como la hipertensión, diabetes,
problemas de colesterol, depresión entre otras pueden afectas nuestro organismo de
diversas formas. Por ello, es vital controlarse regularmente.
Mantenerse hidratado: Las personas mayores son especialmente sensibles a
deshidratarse, porque normalmente  tienen  menor capacidad de sentir sed. Es por eso
que es importante tener como hábito beber agua, especialmente en los días de mayor
calor.
Actividad mental: Ésta es indispensable para conservar las capacidades intelectuales. La
buena memoria, el aprendizaje, el lenguaje, las destrezas manuales, la capacidad de hacer
cálculos matemáticos y de realizar actividades artísticas (como música, danza, poesía,
etc.), depende de cuánto se ejerciten estas habilidades. Mientras más activos estemos,
mantendremos un mejor rendimiento y por más tiempo. Por otra parte, si hemos perdido
alguna de estas capacidades, podemos recuperarla con un trabajo adecuado.
¿Somos lo que comemos? Aparentemente sí, pues la clave para una buena calidad de vida
está en tener una buena alimentación. Comience desde ya a corregir los malos hábitos
para que su cuerpo y mente se mantengan saludables.