Coqueluche: Una enfermedad que puede ser mortal


En octubre de 2017, tres niños murieron por un brote de coqueluche registrado en la Región del Maule y otras 17 personas resultaron contagiadas, aunque ninguno de esos casos tuvo resultado fatal.
Esta enfermedad, también conocida como tos convulsiva o tos ferina, suele aumentar su incidencia a finales del invierno y comienzos de primavera, y puede afectar a personas de cualquier edad, aunque quienes tienen mayor riesgo son los menores de seis meses.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad ocupa el quinto puesto entre las causas de muerte prevenibles por vacuna.

De hecho, cada año se presentan entre 20 y 50 millones de casos de coqueluche en el mundo, con aproximadamente 200.000 a 400.000 muertes anuales, de las cuales el 90 por ciento ocurre en países en desarrollo y a lactantes no vacunados o con vacunación incompleta.
En el caso de Chile, la mortalidad anual promedio es de seis a nueve lactantes menores de un año de edad.

El coqueluche es una enfermedad infecto-contagiosa de etiología bacteriana (“Bordetella Pertussis”). Se trata de una patología sumamente contagiosa que produce una inflamación del árbol traqueobronquial; que tiene un curso prolongado (más de seis semanas); y que puede provocar eventual compromiso sistémico y riesgo vital en los primeros meses de vida.

Reconocer esta enfermedad en su etapa inicial es complejo pues se presenta como un cuadro similar al resfrío común, con tos progresiva, que posteriormente se hace paroxística, emetizante (provoca vómitos), de gran intensidad, con episodios en salva, que puede provocar cianosis y apnea. La tos puede durar entre uno y tres meses y no va acompañada de fiebre.

Los síntomas se pueden dividir en tres períodos:

a) Período catarral (1- 2 semanas):

• Coriza
• Malestar
• Anorexia
• Tos nocturna

b) Período paroxístico (alrededor de 4 semanas):

• Paroxismos (accesos) de tos intensa que terminan en silbido inspiratorio (gallito).
• Puede presentar cianosis y vómitos.
• En este período se pueden manifestar complicaciones de tipo neurológico (encefalopatía con pérdida de conciencia y convulsiones) y respiratorio (atelectasia, neumonía y bronquiectasias).

c) Período convaleciente (2 -4 semanas):

• Se caracteriza por una resolución gradual de los episodios de tos. Los otros signos desaparecen.

¿Cómo se diagnostica? Si clínicamente se sospecha de un caso de coqueluche, se puede confirmar el diagnóstico con los siguientes exámenes:

• Inmunofluorescencia directa (I.F.D.): Esta técnica se efectúa mediante la toma de muestra de aspirado nasofaríngeo. Cabe destacar que esta prueba no es sensible y específica en un 100 por ciento; una I.F.D. negativa en un paciente sospechoso clínica y epidemiológicamente de tener coqueluche, no descarta el diagnóstico de coqueluche.
• Cultivo bacteriano: Es la técnica tiene un 100 por ciento de especificidad para el diagnóstico de coqueluche.
• Métodos moleculares: Es la más utilizada en países desarrollados y es de alto costo; en Chile se dispone de este método para estudio de los brotes de coqueluche.

Una vez confirmado el diagnóstico, las medidas generales que el médico tratante tomará será recetar paracetamol o ibuprofeno en caso de que haya dolor. Además recomendará al paciente tener una hidratación adecuada.

Sin embargo, pese a lo que muchos puedan creer, en los casos de tos convulsiva no se recomiendan los antitusivos y mucolíticos, ya que pueden tener efectos adversos.

En cuanto al tratamiento específico, éste consistirá en:
• Antibióticos: Si bien no modifican el curso clínico de la enfermedad, permiten cortar la cadena de transmisión, disminuyendo la excreción bacteriana y reduciendo el riesgo de que el paciente transmita la enfermedad a otras personas.
• El antibiótico de elección es la Azitromicina; otras alternativas son Eritromicina, Claritromicina, Cotrimoxazol.

Aprenda a prevenir el coqueluche

El método primario para prevenir el coqueluche es la vacuna Pentavalente que protege contra la difteria, tétanos, coqueluche, hepatitis B e influenza tipo B. Ésta se administra a los 2, 4, 6 y 18 meses de edad y tiene un refuerzo con la vacuna DTPa (difteria, tétanos y coqueluche) durante la etapa escolar (1º y 8º básico).

La protección en los lactantes se alcanza después de la tercera dosis de vacuna, que corresponde a los seis meses de vida, es decir, antes de los seis meses de vida están sin protección, salvo la inmunidad natural que es baja.

Por ello, se agregó vacunación a las embarazadas a partir de la semana 28 de gestación, para optimizar la transferencia de anticuerpos maternos al feto y para prevenir la enfermedad en recién nacidos.

Sin embargo, es importante mencionar que la vacuna logra sólo un 80 por ciento de inmunidad y tiene un período de efectividad de alrededor de 10 años, cumplido el cual el paciente queda desprotegido; por esto, el Ministerio de Salud trabaja para incluir en el Programa de Inmunización a la población a partir de los 13 años.

Otras medidas de prevención son:

– Cubrirse la boca y nariz al estornudar, ya que la Bordetella Pertussis es extremadamente contagiosa.
– Mantener ventilados los ambientes con aglomeración (hogares, salas de clases, salas cuna, jardines infantiles).
– Lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida.
– Evitar la exposición a humo de tabaco.
– Limitar la transmisión de infecciones respiratorias mediante el lavado de manos con agua y jabón, tanto en la casa como en salas cunas y jardines infantiles.
– Evitar exponer a menores de seis meses a lugares concurridos o salas cunas y jardines infantiles.
– Educar a la familia y cuidadores respecto de la evolución esperable de la enfermedad.
– En caso de estar en contacto con una persona contagiada con coqueluche, consultar con un médico para evaluar someterse también a un tratamiento preventivo.