¿Cómo se enfrenta un cáncer durante el embarazo y la lactancia?


Hace un tiempo los medios de comunicación publicaron la historia de Maria Crider, una mujer de 27 años que se enteró que tenía cáncer de mama cuando tenía 11 semanas de embarazo.

Durante los nueve meses de su periodo gestacional, la joven madre fue sometida a cirugías, 16 tratamientos de quimioterapia y 28 sesiones de radiación, lo que reveló la complejidad que tiene enfrentar un cáncer durante el embarazo y el peso emocional que significa para la mujer.

«Pude lidiar con el dolor, las náuseas, el agotamiento y la sensación general de miseria, pero la ansiedad por el bienestar de Logan y mi pronóstico fue la peor sensación», expresó la Maria durante las sesiones fotográficas que le realizó Bonnie Hussey, una fotógrafa profesional que plasmó esta conmovedora historia.

Si bien la asociación de cáncer de mama y embarazo no es frecuente, al menos una mujer dentro de 3.000 embarazadas es diagnosticada. ¿Cómo se enfrenta este cáncer durante el periodo gestacional? A continuación se lo contamos.

Hormonas y cáncer de mama

Estudios han revelado que el riesgo de una mujer de presentar cáncer de seno está asociado con su exposición a las hormonas producidas por los ovarios (estrógenos y progesterona); por lo tanto, los factores que aumentan la exposición a estas hormonas han sido asociados a un mayor riesgo de padecer cáncer de senos.
Algunos de estos factores son: aparición temprana de la menstruación, comienzo tardío de la menopausia, edad tardía del embarazo y no haber tenido hijos nunca.

Por el contrario, el embarazo y la lactancia, reducen la exposición de la mama a estas hormonas, por lo que están asociados con una disminución del riesgo de cáncer de senos. Desde este punto de vista el embarazo se considera una condición protectora ante el riesgo de cáncer de mama.

Sin embargo, por contraparte, los cambios hormonales durante el embarazo generan variaciones en los senos, los que pueden aumentar de tamaño, hacer más sensibles y/o presentar protuberancias.

Esto suele ser un problema para los médicos pues dificulta que el profesional o la paciente logren identificar alguna anormalidad en las mamas, lo que retrasando el diagnóstico y el tratamiento oportuno.

Los exámenes de detección

Si durante el embarazo la mujer se encontrara un bulto en el pecho, el médico tratante ordenará la realización de una mamografía con el fin de esclarecer si se trata de un cáncer o no.

Uno de los grandes miedos que enfrentan las madres frente a esta situación es el temor a la radiación y a cómo ésta podría afectar a su bebé. Sin embargo, ee considera seguro realizar una mamografía durante el periodo gestacional, pues la cantidad de radiación requerida es pequeña y ésta se dirige hacia las mamas, por lo que dicha radiación, en su mayor parte, no alcanza a otras partes del cuerpo.

Además, como protección adicional, se coloca una placa de plomo sobre la parte inferior del abdomen para ayudar a evitar que la radiación alcance el útero.

Otro examen solicitado es la ecografía mamaria que no usa radiación y que puede emplearse durante el embarazo debido a que, hasta ahora, no se han descrito efectos adversos sobre el feto; además es útil para guiar la aguja en caso de punción con aguja para citología o biopsia percutánea.

Tratamiento

El tratamiento que se realice para combatir un cáncer de mama durante el embarazo dependerá de la edad de gestación y de la etapa del cáncer (Estadios 0 al IV).

• Etapa I y II:

a) Primera mitad del embarazo: Se recomienda mastectomía radical modificada sin radioterapia complementaria. Si se requiere quimioterapia, debe aplicarse a partir de las 18 semanas de gestación.
b) Segunda mitad del embarazo: Se recomienda cirugía conservadora (mastectomía parcial o tumorectomía + vaciamiento axilar); puede haber quimioterapia coadyuvante. La radioterapia se posterga para después del parto.

• Etapa III: Se recomienda cirugía y quimioterapia y postergar la radioterapia para el posparto; la quimioterapia se realiza en la segunda mitad de la gestación.

• Etapa IV: El manejo es paliativo según los síntomas y ubicación de las metástasis. Se priorizando la salud del feto.

En medio de cualquiera de estos tratamientos, la pregunta natural de toda mujer es cuáles son los riesgos asociados para el bebé en cada uno de estos procedimientos. Ponga atención:

• Anestesia general: La posibilidad de que los anestésicos actuales tengan efectos perjudiciales sobre el feto son prácticamente inexistentes.

• Radioterapia: Puede provocar malformaciones congénitas (especialmente microcefalia), retardo mental e incluso la muerte del feto. También puede generar daños futuros como infertilidad o cánceres postnatales o en el transcurso de la niñez.
Por esto, los antecedentes expuestos sugieren que la radioterapia debe posponerse hasta después del parto.

• Quimioterapia: El efecto sobre el feto depende de la edad gestacional y de las dosis de agentes quimioterápicos utilizados.

a) Primer trimestre del embarazo: El uso de la quimioterapia se asocia con algunas complicaciones como aborto espontáneo, muerte fetal in útero y malformaciones fetales.
La mayoría de los malos resultados ocurrieron en mujeres en que la quimioterapia se administró en el primer trimestre de gestación. Por lo expuesto, si fuese necesaria quimioterapia durante el transcurso de un embarazo, ésta debería efectuarse después del primer trimestre.
b) Durante el segundo y tercer trimestre no se han observado efectos adversos importantes en los niños. No obstante, se recomienda que la última dosis de quimioterapia sea administrada al menos dos semanas antes del parto.

Por último, otra de las dudas comunes de las mujeres embarazadas con cáncer de mama es qué pasa con la lactancia.

Pues bien, la supresión de la lactancia en el período post parto no mejora el pronóstico del cáncer de mama y no existe evidencia que indique que se deba interrumpir en mujeres que enfrentaron este cáncer durante la gestación.

Sin embargo, si es necesaria la quimioterapia, las drogas antineoplásicas alcanzan elevadas concentraciones en la leche materna y con el amamantamiento el niño las ingiere y las metaboliza. En estos casos, se recomienda suprimir la lactancia natural.

Recuerda que la mejor forma de enfrentar el cáncer de mama es detectándolo a tiempo, por eso no olvides realizarte el autoexamen con frecuencia y consultar con tu médico ante cualquier anormalidad que encuentres. Prevenir es la mejor forma de cuidar de nosotros y de quienes más queremos.