Cómo evitar el sedentarismo y la obesidad infantil

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Chile es el país con más obesidad infantil en Latinoamérica, una cifra que desde luego no nos enorgullece pero que refleja la realidad que viven nuestros niños y adolescentes.
Sin embargo, se trata de un mal que está afectando a todos los países del mundo, lo que ha hecho que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considere la obesidad como uno de los problemas más preocupantes del siglo XXI.
El gran problema, es que pese a los esfuerzos han realizado los países y a las campañas para evitar la obesidad infantil y el sedentarismo, ambas cifras siguen subiendo anualmente, lo que provocará que el día de mañana tengamos adultos con Diabetes tipo II, hipertensos, con problemas cardiovasculares, musculares, articulares y psicológicos, pues la obesidad está asociada a la depresión y la ansiedad.

¿Por qué nos volvemos obesos?
El problema del sobrepeso y la obesidad tiene que ver con un desequilibro en la cantidad de calorías que consumimos versus las que quedamos. Por ejemplo, si consumimos 2.000 calorías y gastamos en energía 1.500, el resto se acumulará en tejido adiposo (grasa) para ser utilizada cuando sea necesaria, pues nuestro cuerpo la guarda en esta especie de “despensa”.
El problema es cuando constantemente –y por un tiempo prolongado- estanos consumiendo más calorías de las que quemamos, porque la “despensa” ya se hace muy grande y comienzan los problemas a nuestra salud.
Si bien es cierto, también existen factores genéticos y hormonales que hacen que algunas personas tengan una mayor tendencia al sobrepeso. Sin embargo, estos casos son asilados y no explican las altas cifras de obesidad que hoy estamos enfrentando.
En este contexto, los expertos coinciden en que los factores que han provocado este sobrepeso y obesidad son:
Accesibilidad a los alimentos: Hoy en día, la industria alimentaria es una de las más fuertes y eso se refleja en que podemos conseguir comida en cualquier parte. Eso también hace que los precios sean bajos, lo que incentiva su compra.
Dietas hipercalóricas: Los productos más apetecibles y adictivos suelen ser los alimentos procesados, ricos en azúcares y grasas. De hecho, los niños tienden a preferir este tipo de comidas por sobre los alimentos saludables.
Alimentación deficiente: Aunque le parezca contradictoria, la obesidad en los niños están íntimamente relacionada a la desnutrición, pues se alimentan de comida “basura” que no aporta las vitaminas, minerales y nutrientes que necesitan para su desarrollo.
Sedentarismo: El fácil acceso a las tecnologías ha hecho que los niños se vuelvan muy sedentarios. Hoy es más común ver a un niño jugando con un celular que andando en bicicleta en la calle.

Consecuencias inmediatas de la obesidad infantil
• Problemas de rendimiento escolar debido a la falta de oxigenación.
• Dificultad para realizar actividades físicas como falta de aire, fatiga, nauseas, lo que repercute en que el niño se vuelva sedentario.
• Mayor incidencia del reflujo gastroesofágico.
• Enfermedades osteoarticulares
• Hipertensión arterial
• Resistencia a la insulina
• A nivel psicológico: Baja autoestima, asilamiento y riesgos de sufrir bullying.

Riesgos largo plazo
• Enfermedades cardiovasculares: Hipertensión arterial, aterosclerosis, infartos, accidentes cerebrovasculares.
• Diabetes Tipo II
• Trastornos del aparato locomotor.
• Apenea del sueño
• Mayor predisposición a ciertos tumores.

Los cambios necesarios
Un niño obeso no tendrá una buena calidad de vida y con toda seguridad será un adulto que enfrentará distintas enfermedades, es por eso que es sumamente importante que generemos cambios en la alimentación de ellos y los hagamos conscientes de los riesgos a los que se exponen si continúan con malos hábitos alimenticios.
Por ejemplo, debemos evitar que el niño coma alimentos envasados, bebidas azucaradas, frituras y grasas en exceso. En su reemplazo podemos realizar preparaciones saludables y coloridas que llamen la atención del niño.
También hay que evitar que el niño coma entre comidas. Una buena forma de lograrlo es dándole cinco comidas al día, de modo que no tenga hambre en el espacio que se genera entre una y otra.
Por último, los niños necesitan realizar al menos una hora al día de actividad física. Si a nuestro hijo no le gustan los deportes, podemos hacerlo a través de juego, como chutear una pelota, jugar a las quemadas, saltar la cuerda, entre otras actividades que harán que el ejercicio les resulte entretenido.
¡El cambio debe ser ahora en la infancia! Porque cuando ya sea adulto le será mucho más difícil modificar su estilo de vida.