Aprenda a reconocer los síntomas de un infarto


Los infartos son tres veces más frecuentes en los adultos mayores, sobre todo después de los 80 años. Esto no significa que usted deba alarmarse sino que preocuparse de cuidar su salud e informarse para reconocer los síntomas.
El infarto agudo de miocardio (IAM), conocido también como ataque al corazón, es la necrosis o muerte de una porción del músculo cardíaco que se produce cuando se obstruye completamente el flujo sanguíneo en una de las arterias coronarias, que son las que llevan la sangre al corazón.

La enfermedad subyacente después de un infarto, casi invariablemente, es la arterioesclerosis avanzada de las arterias coronarias.

El músculo cardíaco necesita constantemente de un abundante suministro de sangre -rica en oxígeno- para llevar a cabo la tarea del bombeo de sangre al resto del organismo. Cuando se erosiona o rompe una placa de ateroma en la pared de una arteria coronaria, rápidamente se forma sobre ella un trombo o coágulo que puede llegar a obstruir en forma completa y brusca la luz de la arteria, interrumpiendo el flujo sanguíneo y dejando una parte del músculo sin irrigación.

Si el músculo cardíaco carece de oxígeno y nutrientes, durante demasiado tiempo, normalmente más de 20 minutos, el tejido de esa zona muere y no se regenera, desarrollándose así un infarto agudo de miocardio.

Las manifestaciones del infarto aparecen de forma súbita, y el riesgo de muerte o complicaciones graves es elevado, por lo que el IAM reúne todos los requisitos para ser considerado una verdadera emergencia médica. Debido a esta situación, aprender a reconocer los síntomas y acudir a un servicio de urgencia con prontitud puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

¿Cuáles son estos síntomas? El síntoma más característico del IAM es el dolor torácico, dolor que aparece en forma brusca y que es opresivo e intenso. Se localiza en el centro del pecho y en ocasiones el dolor se irradia hacia los hombros, sobre todo al brazo izquierdo, pero también se puede expandir al cuello, garganta y mandíbula inferior. Otras veces el dolor se puede reflejar hacia la espalda.

En ocasiones el dolor se percibe como un peso en la parte alta del abdomen (zona del epigastrio) y puede aparecer en reposo o mientras realiza alguna actividad de esfuerzo. Este dolor suele durar más de 30 minutos.

El paciente con infarto suele sentir este dolor como muy grave, incluso a veces con sensación de muerte inminente. Otras veces el infarto puede cursar sin dolor o con molestias atípicas o inespecíficas, síntomas que se conocen como equivalentes anginosos. Esto sucede, sobre todo, en los pacientes ancianos o en los diabéticos.

Otros síntomas que acompañan este dolor pueden ser palidez, sudoración fría, sensación de desfallecimiento y mareo, falta de aire, salivación excesiva o sensación nauseosa y vómitos.

Si sospecha que una persona está sufriendo un infarto, lo que usted debe hacer es:

• Hacer que la persona se siente, descanse y se tranquilice.
• Aflojar cualquier prenda de vestir que esté ajustada.
• Pregúntele si toma medicamentos para el dolor al pecho (nitroglicerina, por ejemplo) por una enfermedad cardíaca conocida. De ser así, ayúdelo a la persona a que se tome el remedio. Si la persona tiene dificultades para hablar o señala que no toma ninguna pastilla, entonces suminístrele una aspirina de 500 mg para que la mastique.
• Si está acompañado, antes de realizar los pasos anteriores dígale a la tercera persona que se comunique con el servicio de urgencia de inmediato. Si sólo se encuentra usted y esa persona, comuníquese con urgencia después de suministrarle la aspirina.
• Si la persona está inconsciente y no reacciona, llame a un servicio de urgencia e inicie Reanimación Cardiopulmonar (RCP).

La RCP consiste en una serie de acciones destinadas a mejorar la probabilidad de que una persona sobreviva a un Paro Cardiorrespiratorio (PCR). El objetivo inicial de estas maniobras es restablecer la circulación espontánea.

En la RCP se distinguen dos niveles de complejidad creciente y consecutiva: el soporte vital básico (BLS) y el soporte vital avanzado (ACLS).

Aquí nos referiremos a las maniobras básicas que usted o cualquier persona sin entrenamiento puede realizar. Cabe mencionar que en Chile, las estadísticas informan que el porcentaje de nuestra población que tiene algún entrenamiento básico en las maniobras de RCP es ínfimo.

Lo primero que debe saber es que usted tiene entre tres y cinco minutos para realizar RCP desde que la persona queda inconsciente. Posteriormente, el riesgo de que haya una lesión irreversible del tejido cerebral es extremadamente alto, razón por la mayoría de las personas no sobrevive a un PCR.

RCP en tres pasos simple:

Primer paso, llamar: Revise a la víctima para ver si responde; si no responde, no respira o lo hace con dificultad, llame o haga llamar de inmediato a un servicio de urgencia.
Segundo paso, compresiones: Si la víctima no está respirando normal, no tose o no se mueve, comience con compresiones cardíacas. Empuje hasta cinco centímetros de profundidad en el centro del pecho 30 veces. Haga compresiones rápidas y duras al ritmo de 100 por minuto, es decir, cada compresión se debe realizar en menos de un segundo.
Tercer paso, soplar: Levante la cabeza del paciente hacia atrás y levántele la barbilla. Oprima la nariz y cúbrale la boca con la suya. Sople dos veces. Cada respiración debe durar un segundo. Alterne 30 compresiones por cada dos ventilaciones.

Sobreviviendo a un infarto, ¿qué viene?

Cuando un paciente sobrevive a un infarto, el objetivo principal del tratamiento posterior es evitar la repetición de otro infarto y para ello debe haber un control estricto de los factores de riesgo cardiovascular. En paralelo, se debe implementar en forma inmediata cambios en los hábitos de vida. Para esto se debe:

• Llevar una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres y cereales.
• Hacer ejercicios en forma regular. Se recomiendan ejercicios aeróbicos moderados practicados en forma regular como, por ejemplo, caminar a ritmo ligero una o dos horas diarias.
• Abandonar totalmente el tabaco, ya que dejar de fumar mejora notablemente el pronóstico en los pacientes que han sufrido un infarto. La mortalidad a cinco años en los pacientes que no han dejado de fumar es tres veces superior a la de quienes han abandonado el hábito.
• Controlar y vigilar de forma periódica los niveles de colesterol, especialmente LDL.
• Vigilar y controlar las cifras de presión arterial.
• Controlar la glicemia en los pacientes diabéticos.
• Tomar la medicación indicada por el médico tratante.
• Tratar el estrés psicológico.
• Realizar controles médicos periódicos para detectar a tiempo cualquier problema que pudiera estar ocurriendo y que usted no esté notando.

En definitiva, tras sufrir un infarto agudo de miocardio, se debe aprender a disfrutar de un estilo de vida saludable. Ahí está la clave de todo. Si usted sigue estas pautas, las probabilidades de sufrir un nuevo infarto se reducen considerablemente.