Investigadores australianos indican que el estrés en las mujeres embarazadas puede alterar el tamaño del feto, dependiendo de su sexo, o generar complicaciones que pueden terminar en una pérdida. El estudio reveló que los fetos de sexo femenino respondían al estrés de la madre reduciendo su crecimiento en el útero. Mientras que el sexo masculino no ve alterado sus patrones de tamaño, sin embargo pueden tener mayor riesgo de un nacimiento prematuro. Expertos aseguran que el estrés causa alteraciones hormonales que afectan la placenta, por lo que puede afectar a los niños.
Fuente / 3 de mayo de 2010: La Tercera
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