En el segundo piso de su casa, Romina Cerda disfrutaba de una tarde de juego con su hija Javiera, de 9 meses. Era una actividad habitual y de suma confianza porque la menor ya dominaba perfectamente y con libertad su andador.
Sin embargo, el sonido del teléfono distrajo por segundos a Romina, quien tras contestar sintió un fuerte y continuo golpe. Su hija había llegado al borde de la escalera, lugar que, por primera y única vez, no había asegurado con una baranda.
Ante sus ojos la bebe rodó al interior de su andador hasta llegar al primer piso, golpeándose en las paredes ya que este acceso presenta una forma de semicaracol.
“Mi papá también sintió el golpe y bajó la escalera que se la hacía interminable. Yo grité papá, papá lo vi todo…Luego percibí todo oscuro y me caí. Al despertar, mi papá estaba con la niña llorando y ella tenía el lado izquierdo de su carita morado. Estaba asustada, yo tiritaba, no sabía qué hacer”, señala Romina al revivir su dramática experiencia.
“La vigilancia de los menores debe ser constante, los adultos deben identificar y resguardar los lugares que presenten oportunidades de riesgo para ellos. Los accidentes se producen por el descuido de tan sólo algunos minutos”, señala Juan Carlos Ponce, director médico de HELP.
Agradezco a Help, por su oportuna asistencia,
Gracias a su eficiencia , mi nietecita se encuentra en perfecto estado.